viernes, 26 de noviembre de 2010

LA FELICIDAD.

LA FELICIDAD.


Cuando estamos en una entrevista o hablamos de nosotros, de lo que nos pasa, y lo hacemos en tercera persona, es no querer aceptar la responsabilidad de lo que vivimos y es como despersonalizarnos, como si no nos estuviera pasando a nosotros, sino a terceras personas.

En lugar de decir: cuando te lastima, cuando te inyectan, si te gritan, si te dicen, etc., hay que decirlo en primera persona, enfrentarlo y decir: cuando me lastima, cuando me inyectan, si me gritan, si me dicen, etc. Si hablamos de lo que nos pasa o nos hacen, estamos dándonos cuenta de nuestro actuar y sus consecuencias y sólo así podremos aceptar y cambiar la situación, para llegar a una tranquilidad y poco a poco alcanzar la felicidad.

Otra forma de lograr la felicidad es practicando el desapego de toda las posesiones que tenemos.
Los hijos son míos, mi pareja es mía solamente. Trabajé muy duro para tener lo que tengo. Mi esfuerzo me ha costado. Eso es apego, y entre más apego tenemos a lo que está cerca de nosotros es más dura la separación, de un amor, de un familiar o de algún objeto cuando ya no lo tenemos.

Es conveniente soltar o no adquirir más y más, y darnos cuenta que no somos dueños de nada ni de nadie, que nadie tiene la vida comprada y que sólo perdurarán las buenas acciones que hayamos realizado.

Siempre vivimos atesorando y guardando, con lo cual no dejamos que se mueva la energía. Hay que ordenar y mantener limpias nuestras cosas y nuestra casa. Tirar o regalar lo que ya no necesitamos. Si tenemos algo guardado por un año y nunca lo hemos utilizado, quiere decir que no nos hace falta. Lo mejor sería deshacernos de todo eso que no nos sirve. Simplificar nuestra vida. Vivir con lo de ahora. Vivir el aquí y el ahora.

Guardamos, atesoramos y no soltamos por temor a lo que pasará el día de mañana, a que nos quedemos sin nada cuando seamos viejos, cuando no podamos trabajar, cuando estemos solos.

Si vivimos con el temor de que algo malo pasará, nos estamos frenando. El temor es bueno como preventivo, para no tomar riegos y exponernos sin prever, pero no debe ser un freno para avanzar, para crecer en nuestro desarrollo personal. Lo más que puede pasar si nos equivocamos es que volvamos a intentarlo y cada vez aprender más, pero si no lo intentamos nos quedaremos con el sentimiento de que ni siquiera luchamos, que las cosas pudieron haber sido diferentes si lo hubiéramos intentado. Los prejuicios no son buenos. Es mejor darse la oportunidiad de ser positivo, recordar que el universo está presto a darnos lo que pedimos con seguridad, con la firme convicción y el agradecimiento tal, de que ya lo poseemos, de que ya lo disfrutamos, ya sea la felicidad, la salud, el amor o la prosperidad económica.

Cristo, si lo quieres ver como un gran iniciado, él no tuvo apegos a la familia, a la ropa, a la comida, a una casa, a la salud, sólo vivía el presente con la seguridad de que nada le faltaría y de que podía vivir bien sin necesidad de tanto.

Si sentimos que tenemos demasiado; más de lo que necesitamos, será más fácil regalar, ayudar, proporcionar, no pelear por algo que se pierde o se lo llevan. Podremos pensar que la persona que se encontró algo que perdimos, realmente le va a servir, que lo necesitaba. Que si regalamos algo de todo corazón, le va a dar felicidad a esa persona.

Dicen que la verdadera felicidad es dejar que la persona que amas sea realmente feliz. Y que es mejor, o que da más felicidad el dar que el recibir.

Es bueno permitirnos el ver la felicidad de un niño, de un anciano o de una persona enferma cuando le proporcionamos ayuda. Cuando se le da. Cuando se le consuela, cuando se le llena su corazón, cuando le damos una esperanza o un apoyo

Si no tienes para dar, es bueno "estar". Estar cuando te necesitan. Brindar apoyo a los que sufren. A los que pasan por un duelo (una pérdida). Acompañar a esta persona cuando está en su casa, sacarla a pasear, a que se distraiga. El duelo pasará poco a poco y cuando eso sea ya habrá aceptado el suceso con la tranquilidad de que la vida sigue.

Muchas veces decimos "Yo seré completamente feliz cuando tenga una casita". Cuando llega la casita decimos " Yo seré completamente feliz cuando tenga unos buenos muebles para mi casita" cuando obtenemos los muebles, pedimos un carro, luego otra casa más grande. Siempre posponemos la felicidad sin disfrutar lo que nos llegó inicialmente y lo que va llegando o vamos obteniendo cada vez. El caso es que nunca nos permitimos ser feliz.

Yo pongo muy seguido este ejemplo de lo que leí en un libro de psicología, a las personas que se desesperan por la situación que viven sin reconocer que la felicidad va más allá.

Era una madre que siempre peleaba con su hijo adolescente porque siempre quería traer puesta una camisa de cuadros, con las mangas tan largas que no le dejaban ver las manos. Todos los días lo peleaba porque no soltaba esa dichosa camisa. Por ciertas circunstancias el joven muere. La madre se sentía tan desesperada por su pérdida que decía, que si volviera a tener cerca a su hijo, ella misma le pondría la camisa que tanto le gustaba.

Muchas veces peleamos por algo que no es tan trascendental, en lugar de dialogar, de escuchar, de tomar acuerdos, de repartir roles, de repartir y dar a elegir opciones convenientes, de dejar ir los enojos y la angustia si las cosas no salen como se desea, sobre todo cuando las cosas no tienen remedio o como en el caso de una niña disléxica que tuve como paciente. La madre se sentía muy desesperada porque su hija iba mal en la escuela y la maestra le daba cada vez mala información sobre las calificaciones y participación de su hija en la escuela. Le puse el ejemplo de esta madre que peleaba siempre son su hijo por la camisa.

Yo le pregunté a la madre de mi paciente después del ejemplo que le dí, sobre lo que haría si supiera que su hija no le iba a vivir mucho tiempo, quizá unas semanas, meses o pocos años. Lo primero que me dijo fue: "No me importa que repruebe año, pero que sea feliz". Con esto la madre vio la situación escolar de su hija con otros ojos. Con el apoyo psicológico y psicopedagógico que le brindé a la niña, pasó al otro grado escolar, porque al calmarse la madre, la niña también se calmó y la psicoterapia pudo hacer mejor su función en el aprendizaje escolar de la niña logrando pasar al otro grado escolar.

Recuerda, no hay que buscar la felicidad lejos de nosotros si la tenemos en nosotros mismos. Cambiando nuestro sentir, cambiamos nuestra forma de hablar y nuestra forma de actuar.











1 comentario:

Mexicana dijo...

Mami me gustó mucho tu artículo y me hizo también reflexionar. Gracias por compartir tu sabiduría. Te quiero. Beso